Las emociones básicas

La funcionalidad de las emociones

Las emociones son muy importantes porque nos permiten reaccionar con rapidez y ponernos a salvo sin ser conscientes. Por ejemplo, el miedo nos hace correr o ponernos a salvo sin pensarlo durante mucho tiempo. Las emociones son una tendencia biológica a poder reaccionar de una forma concreta ante ciertos estímulos, que traemos de serie y que modelamos con ayuda del entorno y del aprendizaje. Sin embargo, también la reacción de las emociones nos puede llevar a sufrir efectos indeseados. Las emociones las podemos categorizar en positivas (alegría) y negativas (tristeza, ira, miedo, asco). La emoción básica de sorpresa es una emoción neutra. Pero ante todo las emociones son funcionales, sin las emociones negativas no podríamos sobrevivir y algunas de las emociones positivas no son funcionales (por ejemplo, si tengo que defender mi empresa ante un tribunal mostrar alegría no sería muy funcional).

Las 6 emociones básicas

Hay cierto debate en cuanto a qué se puede considerar emoción y que no. Sin embargo se tiene claro que las emociones básicas son seis: sorpresa, ira, tristeza, alegría, asco y miedo. Darwin, primer autor en hablar de las emociones, afirmó que éstas emociones básicas las compartimos con los animales. Derivadas de estas, existen muchas emociones secundarias: envidia, celos, culpa, vergüenza…

A día de hoy la mayoría de expertos coinciden en que en las emociones hay tres tipos de respuesta. Una respuesta neurofisiológica (relacionada con los neurotransmisores y las hormonas). Esta respuesta se manifiesta en una respuesta comportamental (expresión facial). Y por último la respuesta cognitiva, que es la que nos hace tomar conciencia de lo que sentimos en cada momento. A continuación hablaremos de las 6 emociones básicas del ser humano.

  • El asco es una emoción básica y se trata de mucho más que la repugnancia que nos provoca un alimento. La emoción de asco nos protege de enfermedades y parásitos. La emoción del asco está relacionada con sentimientos más sociales, como el rechazo, el desprecio, la aversión y la repulsión a los otros.
  • La ira o el enfado es una de las emociones más complejas. Es una emoción que en niveles bajos puede ser positiva en el deporte. Es la que más desgasta en los trabajos intelectuales. Entre las emociones secundarias relacionadas con la ira tenemos: la indignación, el malhumor, resentimiento, impaciencia, desconfianza, recelo, cólera, hostilidad, agitación, frialdad, antipatía…
  • La alegría es la emoción más positiva de todas, aunque tiene muchos matices. Los expertos afirman que llorar de alegría es un mecanismo que tenemos para regular y estabilizar las emociones positivas con emociones negativas. Algunas emociones secundarias derivadas de la alegría son: diversión, humor, desenfado, distensión, éxtasis, euforia, entusiasmo, optimismo, júbilo, ilusión, placer, gratificación…
  • El miedo es una emoción que nos protege de un posible peligro. Un estudio de la Universidad de Cornell afirma que los adolescentes suelen ser temerarios porque su cerebro ha suprimido los miedos que aprendieron  en la infancia.
  • La tristeza es la emoción que denota aflicción, pena y pesadumbre. El sentido evolutivo de la tristeza consiste en buscar aislamiento cuando estamos enfermos, para no contagiar al resto de personas. Las emociones secundarias relacionadas con la tristeza son: desconsuelo, pesimismo, desaliento, melancolía, nostalgia, desamparo, decepción, desilusión, resignación, agonía, amargura, disgusto, desolación, pena, duelo, dolor, sufrimiento, aburrimiento, desgana…
  • La sorpresa es la única emoción neutra, que se produce rápida y momentáneamente para dar paso a la emoción que corresponda, ya que luego puede ir seguida de una emoción positiva (por ejemplo, alegría) o negativa (por ejemplo, miedo). Los desencadenantes de esta emoción suelen ser los estímulos novedosos y la interrupción de la actividad.
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Inteligencia emocional

Las emociones y los sentimientos no son lo mismo, aunque actualmente utilizamos los términos de manera indiscriminada. El sentimiento es la interpretación propia y la etiqueta que le ponemos a lo que estamos sintiendo. Cuando tenemos una emoción, somos conscientes de ella y la etiquetamos, por lo que así se crea el sentimiento de esa emoción.

La inteligencia emocional, tan de moda hoy en día, se desarrolla a lo largo de nuestra vida y es importante que dediquemos tiempo a potenciarla. En la sociedad actual no tenemos mucho vocabulario emocional. Es importante desarrollarlo ya que facilita nuestro trabajo de identificación emocional propio y ajeno. Diversos estudios afirman que las emociones afectan a nuestro trabajo hasta en un 30%, para bien o para mal, por lo que es importante saber reconocerlas y poder modularlas.

La educación emocional desde que somos pequeños resulta fundamental hoy en día. Desde niños debemos recibir herramientas para analizar nuestras propias emociones, las emociones de los demás, para así poder actuar en consecuencia. La alta inteligencia emocional genera menos situaciones estresantes en el día a día, evita situaciones de riesgo, provoca un mayor bienestar emocional y personal, y mejora las relaciones sociales y laborales. En algunas comunidades Autónomas de España se contempla la educación emocional, y se notan cambios efectivos en poco tiempo en los niños que reciben este tipo de educación.

Para cambiar las emociones se pueden utilizar estrategias conductuales y cognitivas. Las estrategias cognitivas son más difíciles de aprender y requieren mucho entrenamiento. Las estrategias conductuales son, por ejemplo, poner en práctica técnicas de relajación, hacer ejercicio físico, escuchar música para cambiar el estado de ánimo. Es importante aprender estas técnicas para poder modular y gestionar las emociones de manera correcta, si crees que necesitas una ayuda en el aprendizaje de la gestión de las emociones acude a un psicólogo especializado.

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